El domingo celebramos el cumpleaños de mi hermana y el día se pintó de dorados, verdes, olores a finales de verano y tacto de brisa. Mi cuñado preparó la mesa debajo de la higuera.
Llevaba un tiempo dándole vueltas a mi cabeza, llegando casi a hacerla centrifugar, pensando en quien, como, cuando, que y cual soy y sinceramente no lo tenía muy claro.
Al caminar por la calle y verme reflejado en un escaparate a veces me sorprendía a mi miso y, en alguna ocasión, al no reconocerme, estuve a punto de saludarme y todo. Otras veces mirándome en el espejo al afeitarme, las cuchillas parecía que escarbasen en mi superficie para llegar a mi fondo y desenterrar algo que subyacía allí dentro.
Antes de ir al cumpleaños de mi hermana me vi en el espejo, mi pelo estaba más largo de lo normal, en la furgoneta mi tabla de surf, un monopatín… y mi cabeza siempre ocupada en construir canciones o esculpir cuentos.
Me dije a mi mismo: tienes que cambiar, no puedes seguir con la sensación de que eres un niño que juega a ser mayor. Eres mayor, así que Mira a los mayores y actúa como ellos.
Pero me encanta ver jugar a Arancha.
Llegué a casa de mi hermana y, mientras que esperábamos a los demás, estuvimos hablando. Para ser lo más adulto posible, tras preguntar por mis sobrinos de manera superficial, saqué el tema más adulto que encontré en el desván de mi cabeza. El trabajo. Todo iba bien, hasta que llegaron mis sobrinos pequeños.
Debajo de la higuera empezamos a comer y empezaron a hablar sobre la crisis mientras Arancha y Jacobo jugaban con la hamaca, uno de ellos se metía dentro y el otro le enrollaba, después le soltaba y daba un par de vueltas.
Me encanta ver jugar a Arancha y Jacobo.
Yo, como he intentado otras veces, me metía en la conversación dando titulares que había leído en el periódico o había escuchado en la televisión, añadiendo porcentajes que siempre hacen parecer más adulto. Me estaba gustando hablando así, mañana, me dije, te pones los pantalones chinos azules y esa camisa de rayas que te hace tan elegante, hasta puedes ponerte la americana, si, si te la pones vas a parecer… y tal vez deberías empezar a hablar de futbol, ver algún partido… y política… ya, al principio te va a costar, pero después todo va a ir mejor, de verdad.
Pero Arancha se subió a la higueray se balanceaba en una rama, feliz, con una sonrisa que no conseguiríamos ni uniendo la de todos los que estábamos sentados a la mesa y mi corazón, en vez de latir me empujaba a subirme a la higuera.
¿Qué haría un adulto si le dan una higuera? Me pregunté, y me contesté que podarla, regarla, o arrancarle los higos para comérselos, como estaban haciendo algunos a modo de postre. Ninguno llegaría a entender que las higueras son para subirse a ellas.
Finalmente logré contenerme dando algún porcentaje más y criticando alguna medida de las que ha tomado el alcalde en los últimos días (Conversación plagiada a dos hombres de negocios en un bar).
Hoy, mi jefe me ha llamado por teléfono, me ha dicho que había venido de Madrix para reunirse conmigo, tengo malas noticias que darte y se ha quedado de piedra cuando he abierto la puerta con cara de ilusión y le he dado un abrazo enorme.
La próxima comida me balancearé en una rama de la higuera con Arancha.
Mientras camino hacia mi coche, me recuerdo que soy un desastre y que debería tener más cuidado, que debería lavarlo de vez en cuando. En la zona donde vivo las gaviotas tienen un gran índice de aciertos con sus excrementos sobre los coches, y eso unido a mi dejadez consigue que mi coche a veces de pena. Como hoy no tengo más excusa, decido llevarlo a lavar, a uno de esos centros de lavado en el que entra sucio por un lado y sale listo para que las gaviotas puedan volver a su labor.
Al llegar todos los túneles automáticos están ocupados, incluso hay cola. Lo malo de intentar lavar un coche un sábado por la mañana es la cantidad de gente que tiene la misma idea. Al lado de los túneles están las cabinas de lavado manual en el que te lavas tu el coche, como nunca lo he utilizado, decido probarlo. Al echar la mano al bolsillo, solo tengo billetes, necesito cambio. Le pregunto a una señora que lava su coche en la cabina contigua a la mía y me indica que debo buscar a un hombre malhumorado que lleva una camiseta y en tono irónico me desea suerte.
El hombre está sentado en un banco de piedra y al verme ir hacia él con un billete en la mano no hace ademán de moverse, incluso mira hacia el otro lado. Al llegar le doy los buenos días, no me contesta, me lanza una mirada de absoluto desprecio, me quita el billete de la mano y en ella coloca de malas maneras cinco monedas, le doy las gracias y el lanza un bufido totalmente grosero y ofensivo, entonces me siento a su lado.
- Mire- le digo- por su apariencia y sus maneras deduzco que usted no cree en los cuentos.
El hace ademán de levantarse, pero yo le tomo por el brazo y le hago quedarse sentado.
- Aunque no crea en ellos, supongo que alguno habrá leído o le habrán contado. En esos cuentos aparecen muchos personajes que se consideran mágicos y la mayoría tienen la posibilidad de conceder tres deseos, pues bien, esa era mi misión aquí. Si, soy lo que los que no sabéis como hacerlo nos llamáis duendes y no me mires así por que es evidente que todos evolucionamos, tampoco tu vistes como vestían hace cientos de años ¿verdad? Pues yo llevo vaqueros y camiseta.
Como te decía mi misión aquí era pedirte cambio, que tu me lo dieses con una sonrisa y me tratases bien, entonces yo te concedería tres deseos, sin embargo la has tenido que cagar. En fin, es una lástima, solo espero que algún día vuelva a coincidir que otro duende pase por aquí a lavar su coche y que no la vuelvas a joder. Si, los duendes también decimos “joder”, “cagar” y muchas cosas más.
El hombre se ha quedado tan conmocionado que no se mueve de su asiento y no lo hace mientras lavo mi coche. Al terminar y salir de la cabina veo como el hombre sonríe a una anciana mientras le explica como funciona la máquina.
Llevo más de un mes sin internet ni televisión, se que es un tema redundante, pero realmente no se que pasa, he llamado un par de veces y nada, no he conseguido que vengan a arreglármelo.
La primera vez me pusieron a realizar un bricomania por mi casa, conocí lo que es un PTR, desconecté el modem, la luz de arroba parpadeaba sin quedarse fija… hasta me sentí un inútil por no saber arreglármelo yo mismo, o así me hizo sentir la chica que me daba ordenes del otro lado del hilo. Finalmente me di cuenta de que ni soy técnico, ni trabajo para ellos, con lo que discutimos y decidí colgar. Este es mi tercer intento.
- Bienvenido al centro de asistencia de… “X” (llamemosle X por razones de privacidad y buenas relaciones con los proveedores de internet).
-Si desea ser atendido en castellano pulse 1
- Si desea ser atendido en Gallego pulse 2
- Si desea ser atendido en esperanto pulse 3
-…..
- Si desea ser atendido en antiguo prusiano pulse 68
Creo que me he perdido entre idiomas. ¿Cuál era el 52?. Pulso 52. Del otro lado del teléfono una voz empieza a hablar:
-0100001
Yo no sé que contestar, pero siempre se me han dado muy bien los idiomas.
-2?
La señorita del otro lado de la línea me responde
-01 001 010010
- 2?
-01 001 010010!
- 2!, 2!, 2!
Ante la falta de entendimiento decido darme de baja de ese operador y buscar otro operador con el que entenderme.
14…
- Bienvenido al centro de asistencia de… (llamemosle z) por si mañana tengo problemas con ellos.
- Si desea ser atendido en castellano pulse 1.
Aunque me gustaría escuchar como suena el antiguo prusiano pulso uno antes de esperar la segunda opción.
- Buenos días mi nombre es Elena Vaquerizo ¿en que puedo ayudarle?
- 2?
- Perfecto como lo quiere con o sin wifi.
Joder! Esto si que es eficacia.
- Con wifi.
- Muy bien le voy a tomar los datos y concertamos una fecha para su instalación.
Doy los puntos cardinales que me sitúan en el mundo tales como DNI, Dirección, Número de cuenta bancaria y correo electrónico.
La cita es al día siguiente por la tarde, a las 18:00.
Esa tarde casi ni puedo trabajar de los nervios, así que decido hacer una pequeña trampa que es dejar el muñequito del Messenger en verde (en mi trabajo estamos todos enchufados) y así parece que estoy sentado en la mesa de mi despacho.
Llego a casa y miro por la ventana para ver cuando llegan los instaladores. De repente, por el fondo de la calle cual nave interplanetaria aparece un coche rotulado hasta por dentro. Corro al interfono a esperar que llamen.
Suben a mi piso tres hombres vestidos de azul que tras hacerme tres preguntas sobre donde quiero el tfno., el router y la televisión comienzan a moverse por mi casa totalmente acompasados, como si fuesen un ballet de técnicos instaladores.
Finalmente uno de ellos se acerca a mi:
- Levántese por favor la camisa.
Yo niego con la cabeza.
- Pues bájese los pantalones, pero le advierto que es un poco más molesto.
Niego con más ansias.
Los otros dos hombres se acercan y cada uno me agarra por un brazo, me levantan la camisa e introducen un cable por mi ombligo.
De repente noto como si empezase a correr por dentro de mi un viento, un fuerte viento que comienza a despeinar todo, mis sentimientos, mis ideas, mis sueños… todos los molinos de viento que existen en mi están girando con sus aspas a 2.ooo por hora.
Se abren de nuevo las puertas y las ventanas vaciándome de olor a hastío y rellenándome con olas de olores que lo mismo huelen a humo de coche que a perfume evaporado de una piel morena de mujer.
Mi corazón se expande para llegar a todos los rincones conocidos y por conocer intentando ver, oir, oler, degustar y tocar, tocarlo todo. Todo, todo y sin limites, sin orillas, sin mas frontera que mi propia imaginación.
Eclosiono mil veces, en mil fantasías distintas y así resucito en este blog, nazco en Facebook, vuelvo a ser el muñeco verde (no el del trabajo, si no el de andar por casa), recibo y envío mails, llegan y llego, voy y vengo, busco y encuentro, me encuentran…
Como siempre se me ha dado mejor escribir que hablar, te contesto a la pregunta que me hiciste esta mañana en este blog, al que tengo muy abandonado.
Hace muchos días me fui solo a la playa amaneciendo, como suelo hacer los fines de semana intentando exprimirlos desde el primer instante. Pillé mis bártulos y conduje por la carretera que recorre la costa buscando el lugar ideal para meterme en el agua y disfrutar de una buena sesión de olas.
El mar brillaba en una madrugada relucientemente dorada y por la ventanilla abierta se colaba la brisa llegando a todos mis rincones y, tras un largo camino, fue en la playa de Leira donde las olas eran perfectas. No había nadie en el agua ni posibilidad de que hubiese nadie por allí a aquellas horas, entonces escuché tu voz que hacía eco de la de todos los miembros de mi familia.
- Si no hay nadie no te metas en el agua porque si te pasa algo nadie te puede ayudar.
Volví a mirar el mar, entonces apagué el recuerdo de tu voz y de todas las demás voces, me puse el neopreno y cuando quise volver a escucharte estaba llegando al pico (Lugar donde rompen las olas). La playa es grande, pero cuando estás solo parece inmensa, un par de olas después me sentía tremendamente afortunado de estar pegándome el baño que me estaba pegando. Increíble.
Fue en una ola de izquierdas en la que al intentar llevar el giro al límite el revolcón fue, o debió ser tremendo. Digo que debió ser porque a la mitad estaba inconsciente. No se que pasó, solo que volví a recobrar la consciencia en la arena, que hubo un tiempo en el que no estuve y, como mucha gente dice, vi una luz, como un resplandor, que me era muy familiar.
Me pasé mucho tiempo pensando sobre lo que había pasado, evidentemente sin decirte nada, ya que me hubieses recriminado por haber desescuchado tu voz o haberle hecho más caso al mar que a ti. Tras muchas vueltas deduje que había estado al borde de la muerte.
Días después, en la fiesta de tu amiga, volví a ver la luz cuando tu y yo nos lanzábamos a la piscina, al principio pensé que había sido un destello de algún foco, pero al salir vi de donde procedía la luz. La luz era el flash de una cámara de fotos.
Hasta aquí estarás un poco perdida, pero déjame que de la mano te lleve hasta la explicación.
Recordé que hay algunas comunidades indígenas que ya advirtieron a los hombres que llegaron con tales artilugios. Seguramente los portadores de los artilugios se rieron de ellos, les dieron más abalorios y les trataron como tontos, pero en realidad tenían razón. Las fotografías roban el alma. El hombre desde la primera foto en que aparece está condenado. Puede que parezca una locura.
El día anterior al incidente de Leira yo me había sacado las fotos para renovar el carnet de identidad y la luz que vi, días después lo comprobé, era el flash del fotomatón que hay en los jardines. Puedo no diferenciar miles de cosas, pero sabes que como fotógrafo que soy tengo obsesión con los flashes y no existen dos iguales. En ese instante me di cuenta de que la foto que te roba el alma es la última que te sacas, en esa foto vivirás para siempre.
En este momento viene la contestación a tu pregunta de esta mañana.
- ¿Por qué sacas una foto todas las madrugadas en la cama?
Por que cuando pase lo inevitable quiero quedarme ahí atrapado.
Soy un imbécil, un autentico idiota. El avión se está cayendo por mi culpa y no hay nada que pueda hacer, ya se ha desatado el pánico y la gente corre descontrolada y, así, es muy difícil pensar.
En realidad todo fue por una tontería, estaba algo aburrido y al verla durmiendo a contraluz en la ventanilla quise inmortalizar el momento, una foto como si fuese una puerta a nuestra nueva vida como marido y mujer. Quería guardarla así, durmiendo apoyada en un fondo de sol y nubes.
Saqué el teléfono móvil de mi bolsillo y lo encendí, accedí a la cámara y saqué tres fotos. Ella ni se dio cuenta.
El avión ahora sigue cayendo como si fuese un desprendimiento de nube, o una estrella metálica fugaz, o un torpe meteorito en trayectoria directa al suelo. Ella llora y me grita, nunca la había visto así y me es difícil pensar.
Después de sacar las tres fotos en mi teléfono apareció un mensaje ¿quiere conectar con NK6069? A mi se me cruzaron dos de mis facetas mas destacables: La de escritor (véase mi cuento Bluetooth) y la de idiota (véase este cuento) y pensé que NK era la abreviatura de Nokia y 6069 el modelo de un teléfono. Pensé que era alguien más que tenía encendido el teléfono, pensé que podía ser divertido, así que acepté.
No pasó nada hasta que se me ocurrió darle a la tecla Nº 4, en ese instante el avión se ladeó a la izquierda, ella se despertó. Son turbulencias, le dije, se giró y siguió durmiendo. Pulsé la tecla 6 y el avión se ladeó a la derecha. Una azafata corrió por el estrecho pasillo hacia la cabina.
Entonces pulsé el 0 yel avión comenzó a tomar altura, pensé que era divertido durante un segundo hasta que pulsé la tecla 5. El avión se detuvo y empezó a caer, lentamente primero. Empecé a probar cada botón y no conseguía arrancar el avión de nuevo así que corrí hasta la cabina para darle el teléfono al piloto y ver si podía hacer algo, pero una azafata y un hombre excesivamente grande me amenazaron con hacerme cosas si no volvía a mi asiento.
1 (nada) ,2 (nada),3 (nada),4 (el avión se ladea a la izquierda) 5, 6 (el avión se ladea a la derecha), 7, 8 (ya no hace nada), 9, 0…
Miro a mi alrededor,veo el caos que he montado y la miro a ella. Sus lágrimas casi me ahogan.
- Te quiero – Le digo mientras cae el avión.
De repente un niño pequeño me mira y me dice ¿a que juegas? Yo le sonrío con ternura y le paso el teléfono.
Manual de vuelo para escritores imbéciles: Si alguna vez os pasa esto tenéis que pulsar * y # a la vez, pero es preferible que recuerden apagar sus teléfonos móviles durante el vuelo.
- ¿Qué ha pasado? .Lo único que sé es que tengo que hacer esfuerzos por mantenerme en pié. Está soplando ya la brisa que borra el sol y hace que la tarde se convierta en noche, se puede presentir la oscuridad, pero hoy la presiento fuera y dentro de mí.
Se me hace algo difícil recordar, no puedo hacerlo con claridad, miro el horizonte y lo veo muy borroso. Doy dos pasos y no logro mantenerme en pié, me tumbo en esta piedra todavía caliente por el sol.
Estoy empezando a sentir un dolor en mi lado derecho que parece ir a más a cada movimiento que intento hacer. Ahora mi mente se va aclarando.
Estaba buscando comida porque tenía hambre y, en vez de intentar pescar como hice miles de veces, me fui en busca de uno de esos manjares que los seres humanos tiran en la calle, dejan en las papeleras o nos lanzan.
Aproveché una corriente de aire ascendente para llegar más arriba que los edificios y poder tener una visión más amplia de la calle principal, en la que había más gente. Miré el sol para enamorarme de su color naranja, siempre sueño con que un día haré un nido en el sol y vi como a un niño se le caía un trozo de bocadillo al cruzar la calle. Sé que la vida a veces es una competición, nunca me ha gustado esa frase, pero a veces si no eres la primera en llegar, te quedas sin nada.
Mis alas se dispusieron a lanzarme hacia abajo en un perfecto picado para atrapar la comida, otras gaviotas la vieron también y graznaron. Me lancé a una enorme velocidad y aterricé perfectamente. Fue entonces cuando el monstruo de color rojo me golpeó.
En un primer momento de aturdimiento pensé que había chocado con el sol, pero ví como venía otro monstruo color negro, me agaché y pasó por encima sin tocarme. No sé como he llegado hasta aquí, no sé si caminando o volando, no lo puedo asegurar, creo que del impacto mis recuerdos se han desordenado.
Intento levantarme pero cada vez me duele más el golpe, ya casi no puedo mover ese ala. Miro al horizonte y lo voy viendo con más claridad. Las farolas se están empezando a encender y la piedra sobre la que estoy tumbada empieza a perder su calor. Está templada.
En la oscuridad puedo distinguir dos círculos brillantes entre las piedras del paseo. Son los ojos de la gata, la gata que acaba de tener camada. Con ella nos hemos disputado la comida mil veces, ahora escucho los maullidos de sus cachorros. Están maullando de hambre y es cierto que, aunque la gente a veces les da de comer, tienen pocas posibilidades de llegar a adultos. Generalmente los machos adultos se hacen con toda la comida.
Los ojos se mantienen quietos, inmóviles, vigilándome. Intento levantarme y me duele bastante. El horizonte ahora mismo está totalmente definido. Solo me hace falta mirar a través de él.
Sé que si me quedo aquí me moriré lentamente de hambre con un intenso dolor, si intento ir a otro lugar es posible que me sacuda otro monstruo del que, dado mi estado, no podré escapar y mi cuerpo se quedará en el negro asfalto o acabará, en el mejor de los casos, en un contenedor de basura. Yo Siempre he soñado con hacer un nido en el sol.
Escucho a los gatitos maullar de hambre otra vez. Me pongo en pié y doy dos saltos. Solo espero que la gata sea rápida y certera.
Dice mi hermano que es porque miro a la gente a los ojos y entonces aprovechan para hablarme, yo, sin embargo, creo que la realidad es otra.
Me encanta ir a pasear, disfruto viendo como mis pies se mueven rítmicamente para llevarme a lugares mágicos. Hace un tiempo descubrí que La magia de un lugar radica en el poder de transformación que tiene y es que por muchas veces que vayas al mismo sitio, nunca va a ser igual, algo va a ser diferente y por eso puedes ir mil veces como si fuese la primera vez.
Durante mis paseos procuro no pensar, hasta hace poco, paso a paso, pisada a pisada iba escribiendo mentalmente cuentos. Es cierto que todos llevamos nuestra historia debajo del brazo, como si al nacer nos hubiesen dado una libreta en blanco y nos hubiesen dicho: Ala, ahora lo que escribas en ella es asunto tuyo, el siguiente… pero procuro no meterme en ese tipo de cuentos que en realidad son vidas. No me permitiría el escribirle la vida a alguien, así que escribo cuentos irreales.
Hace un tiempo, ya más de un año (Enhorabuena/Gracias), me decidí a Abrir este blog para que mis pobres cuentos no muriesen antes de nacer y, por lo menos tuviesen la oportunidad de tener una corta vida (generalmente mueren al siguiente post). Al principio la emoción era intensa, todo era un cuento, hasta el más mínimo detalle podía ser objeto de una anotación prenatal en una libreta para ser nacida días más tarde en el blog.
Todo se empezó a complicar cuando yo empecé a cambiar y a pensar en que podía ser un cuentista o a dedicarme a vivir del cuento, mi hermano sigue diciendo que es porque miro a la gente a los ojos y aprovechan para hablarme, yo, sin embargo creo que la realidad es otra.
Un día llegando otra vez por primera vez al castillo de San Antón en el paseo marítimo de Coruña, un hombre se acercó y (puede que yo le mirase a los ojos, no lo recuerdo) me dijo:
- Bonito perro.
Yo nunca he entendido por que ante una afirmación como esta tengo que dar las gracias, ya que yo no he tenido nada que ver con su hermosura, pero lo dije como de costumbre.
- Gracias.
- ¿Cómo se llama?
- Nuna.
- Luna, que bonito nombre.
Yo nunca corrijo a la gente, ya que no me considero quien, así que les dejo que la llamen como quieran. A mí una compañera se pasó varios días llamándome Santi hasta que alguien le dijo que me llamaba Fran y no me pasó nada, no tuvo la menor importancia.
Entonces el hombre comenzó a contarme que era un agente de aduanas jubilado…
- Si yo te contara…
Me decía, pero la realidad era que ya me estaba contando.
Había combatido el narcotráfico en Vilagarcia de Arousa y me contaba desde persecuciones en planeadoras, guardias civiles de nómina doble y hasta como la mujer de un traficante guardaba las cajas de los mejillones que compraba en la lonja chorreando en el maletero de un Testarrosa (duro golpe para los de Ferrari si se llegasen a enterar).
Pero lo que más me impactó fue su historia de la estancia de la sexta flota americana en 1954, según me contaba, para que no hubiese problemas, a los marineros se les suministró la droga que necesitasen en un intento de mantenerlos tranquilos y aún así causaron estragos por allí donde estuvieron. La culminación fue cuando me contó como varios marineros habían subido a una prostituta al barco y tras haberla violado repetidas veces, la echaron a la caldera del barco. Mi cuerpo se estremeció. Es el señor Fidel.
En otro paseo en el que llegaba otra vez por primera vez a la dársena, un hombre con un perro me paró, no recuerdo si le miré a los ojos. Empezó a pasear a mi lado y a los dos minutos me estaba contando de sus experiencias en Alemania, Francia y de sus aventuras en España, en el pueblo de donde era, cercano a Coruña.
Este señor me ha acompañado en muchos paseos en los que apenas me deja hablar, siempre contándome historias y es tremendamente morboso. Me ha contado desde la operación del padre de un amigo suyo, incluyendo gestos de cortado con bisturí, que por cuestiones de buen gusto no repetiré aquí, hasta la terrible historia de un sacerdote que el día de su toma de hábitos, de su nombramiento, o lo que sea (No soy creyente y no conozco los rituales) vio como se metía un gato en la bodega de su casa, entones él cerró la puerta y las ventanas, cogió una escoba y se dispuso a perseguir al gato. Encontraron al cura desangrado por que el gato le había saltado a la cara y le produjo cortes tan serios que no tuvo salvación.
Cada paseo había alguien que venía a mí y me contaba una historia, entonces yo empecé a temerme lo peor.
Llegado a este punto me decidí a no mirar a los ojos a la gente, pero en un semáforo me asaltó una mujer muy atractiva que rozaría los cincuenta, elegantemente vestida y con un abrigo de… (Perdonen es que no identifico a los animales cuando son abrigos o alfombras) la miré sin querer a los ojos y ella tendió el puente:
- Que perra tan bonita ¿Cómo se llama?
- Nuna
- Que bonito Luna…
- Si, es muy bonito.
- Yo también tengo una…
Imagínense la escena, la señora con su abrigo, bolso de… (Tampoco identifico a los animales cuando son bolsos) abriendo la cartera mientras que yo, con cara de agobio, los pantalones vaqueros rotos y mis zapatillas deportivas paseadas largamente, espero a que saque algo. La gente nos miraba raro. Finalmente en vez de la foto de su perro, me enseñó la foto de su hija, una chica de unos treinta años muy guapa. Me contó muchas cosas de su hija.
Dice mi hermano que es porque miro a la gente a los ojos y entonces aprovechan para hablarme, yo, sin embargo, creo que la realidad es otra, que son personajes de cuentos en busca de alguien que lo pueda contar.
Llegaron las elecciones al pueblo una noche con la consecuente pegada de carteles. Fondos de nubes photoshop y caras sonrientes pasaron a decorar las paredes, a ocupar las vallas publicitarias a recorrer la ciudad como adorno de autobuses y a colgar de las farolas danzando con el viento. El sonido ronroneante de la ciudad se vio también modificado por melodías carentes de sentimientos interrumpidas por el anuncio de un mitin o recomendando la votación para uno, otro u otro partido.
La campaña transcurrió de acuerdo con lo esperado: los de la derecha acusaron a la izquierda, los de la izquierda acusaron a los de la derecha, los nacionalistas utilizaron la palabra nación, los brutos hicieron el bruto como siempre causando dolor, los palabristas malabarearon las palabras y, como era de esperar, brotaron promesas hasta de la imposibilidad.
Finalmente la campaña tuvo un amargo punto y final a cargo de los brutos como otras veces.
El domingo de las elecciones amaneció con nubes fugaces y llantos débiles a moderados soplados por un fuerte viento que convertía la basura de las calles en pájaros multicolores. Los colegios electorales abrieron sus puertas para recibir a los electores. Las urnas eran las protagonistas del día ya que ellas albergarían la decisión del pueblo y llegaron los primeros votantes a depositar su voto en ellas.
Nombre, entrega del DNI, y finalmente tras retirar el papel que cubría la urna se decía “Don/Doña……… Vota” y el papel caía dentro de la caja de transparente cristal. Esas eran las instrucciones que nos habían dado a los que habíamos salido elegidos como integrantes de una mesa electoral.
Fue al tercer votante, Don… no recuerdo exactamente el nombre, cuando sucedió algo extraño. Mi compañera retiró el papel que cubría la ranura de la urna a mi voz de “vota” y al ir a dejar el voto de Don… el voto no entraba por la ranura.
- Déjame a mí – Sugerí. Pero el voto no entraba.
Lo intentó el presidente de la mesa, todos y cada uno de los interventores, el conserje del colegio y hasta el propio votante, pero no había manera. Comprobamos que la papeleta era del mismo tamaño, el mismo tipo de papel, casi como miembros de un equipo de la policía científica, pero todo era exactamente igual.
Alguien de la fila que esperaba para ejercer su derecho al voto sugirió que se le diese otra papeleta y así decidimos hacerlo. Hasta un total de diez papeletas intento depositar en la urna sin conseguirlo.
Decidimos seguir con las votaciones ante la cola que se formó y dejar a un lado a aquel hombre mientras entre todos tomábamos una decisión, pero pronto a aquél hombre le acompañaron uno, otro y otro más que fueron trasladados al salón de actos del colegio tras dejarles intentarlo con tres papeletas del partido al que querían votar.
Simultáneamente en todo el país se daba el mismo caso y salones de actos, polideportivos o aulas se vieron ocupadas por gentes que no podían votar. Secretamente, todos los partidos políticos en una reunión extraordinaria tomaron la decisión de hacerles votar en unas cajas diferentes a las urnas, unas cajas de color oscuro.
Cuando se fue a proceder con el conteo de los votos, al abrirlas, sorprendentemente las cajas estaban vacías y las urnas estaban llenas. Los votos depositados en las cajas habían desaparecido. Ante la falta de lógica, todos decidieron guardar silencio sobre lo acontecido y finalmente solo se contabilizaron los votos depositados en las urnas.
Más tarde, pasado un tiempo y dejando que mi mente me liberase de mi razonamiento, me di cuenta de lo que había ocurrido. En aquellas elecciones las urnas solo habían tenido cabida para los votos de la gente que estaba plenamente convencida y no aceptaron los votos por miedo, como castigo, por publicidad (por que un candidato sea más atractivo que otro, por una mejor campaña publicitaria…), por costumbre, por corrupción, los votos vendidos…
Recuerdo aquellas elecciones como un triunfo de las ideas, pero desgraciadamente para las siguientes decidieron hacer unas urnas con la boca más ancha.