Salpicaduras.-
Noto en mi hombro dos toques suaves.
- Perdone, es que me ha salpicado con su imaginación y mire.
Me doy la vuelta para descubrir un bonito rinoceronte azul con traje a rayas.
- ¿está seguro que eso lo he hecho yo?
- Si hombre, viajábamos en el autobús, usted me miró y fíjese lo que ha pasado.
- No logro recordar.
El hombre saca de su traje debidamente rayado, una cartera en la que, al abrirla, puedo ver la foto de carnet. La verdad es que tirando de los recuerdos a muy corto plazo, casi a plazo inmediato, recuerdo a ese hombre que viajaba en el autobús.
Era un hombre de unos cincuenta años que se agarraba a la barra como si estuviese colgando de ella. Consultaba el reloj casi sin darle tiempo a variar y suspiraba a intervalos cortos. Su mirada era triste, casi gris y parecía estar relleno de nubes del mismo color. Puede que yo lo imaginase de otra manera, ya se sabe que la imaginación la carga el diablo.
- Y ¿Qué puedo hacer por usted ahora?
- No sé, supongo que si me vuelve a ver con mi aspecto anterior…
- Muy bien, déjeme por favor el carnet que lleva su foto y apártese a un lado.
Pongo un gesto de esfuerzo, de concentración, parecido al que pongo cuando… no consigo resultados, tal vez necesite algo de tiempo o algún aliciente más para volver a ver a este hombre tal y como era. Recuerda que en su portátil lleva varias fotos y decide enseñármelas para que me pueda centrar en cómo era anteriormente. Al ir pasándolas en el visor de fotos de Windows veo a un rinoceronte azul el día de su boda, un rinoceronte azul andando en bici, un rinoceronte azul de smoking en una fiesta…
- ¿Y que hago yo ahora? – Comienza a lamentarse - ¿Cómo voy a ir así al trabajo? ¿Cómo voy a ir a casa de esta manera? Mi mujer me mata.
- Tal vez a ella no le importe, ya sabe que la belleza interior…
- No diga tonterías por favor, tal y como es, que se mira tanto en el espejo que ya no se sabe lo que es reflejo o no, que se puso a dieta tras estar a dieta y hasta corrige mi manera de vestir, mi corte de pelo… Como me vea así…
- Pues yo sigo intentándolo, pero se me hace muy difícil, casi imposible.
Un rinoceronte azul bañándose en el mar, un rinoceronte haciendo un gesto gracioso…
En ese instante pasa una señora con un niño en un carrito que al verlo comienza a reírse y a echar los brazos para que lo coja. Él le hace un gesto parecido al que tiene en la foto que acabo de ver, el niño se ríe más alto, más fuerte.
- ¿Le importa que mientras usted me devuelve a mi estado anterior juegue un poco con este niño? Nunca se ha reído un niño así conmigo, generalmente me observan durante unos segundos y miran hacia otro lado al ver algo más interesante que yo.
Asiento mientras sigo intentando concentrarme, cada vez con peores resultados.
Al cabo de un instante este Señor- Rinoceronte azul está rodeado de niños con los que juega y se lo pasa en grande, creo que ni en el autobús, ni en ninguna de las fotos, estaba tan contento como ahora.
Cierro el portátil, se lo dejo en el banco y me alejo calle abajo mientras sigo escuchando las risas que se quedan en el parque.
Días después viendo la tele con uno de mis sobrinos veo a mi amigo en la televisión en un programa infantil que, gracias a él, es muy divertido y didáctico.
Otra mañana me lo encuentro en el autobús azul, feliz, con su nuevo aspecto, viene hacia mí y me abraza.
- Gracias – Me dice.
Yo asombrado le digo el oportuno “de nada”, pero mi curiosidad me lleva un poco más allá
- ¿y su mujer? ¿y su trabajo?
- Cambié de trabajo ese mismo día, pasaba por la calle un productor de televisión que al ver la marabunta de niños que se habían juntado en el parque se acercó a mirar, me ofreció hacer un programa y ¿Qué puede haber mejor que hacer reír a un niño y enseñarle? En cuanto a mi mujer, descubrí que no me quería porque cuando me vio con mi nuevo aspecto, me dijo que dejase de hacer tonterías. Intenté explicarle lo que había pasado, lo de mi nuevo trabajo y lo feliz que había sido con los niños, pero en vez de alegrarse por verme feliz, me pidió que dejase de hacer tonterías y sintiéndolo por ella me marché.







cambio cuentos por globos dijo
Pues si. Es mejor que uno abandone a aquellos que se empeñan en cambiarte cuando lo que eres y lo que haces te hace sentir feliz. Si alguien te ve feliz y se empeña en que no seas así es que no te quiere tal y como eres y no hay nada mejor que sentirse bien siendo uno mismo. Además no hay nada más bonito y gratificante que hacer feliz a un niño. Besos.
1 Noviembre 2008 | 02:49 PM