Inventores del mundo (sueños)
Creo que la primera vez, fue en un desvanecimiento mental transitorio, es decir, una siesta de sofá con abrazo a cojín incluido. La televisión ronroneaba tal vez intentando hacerse escuchar o tal vez susurrando para dormirme, lo cierto es que entre su ronroneo, el sol que entraba en el salón convirtiéndolo en un lugar mágicamente iluminado, y mi cansancio por el trabajo, entré en la entrevela que separa lo real de lo que suponemos imaginado…
La imagen del salón se fue mezclando, el color de las cortinas con el de la pared, la pared con el suelo, el suelo con el sofá, el sofá con mi mano, mi mano con mi pelo, todo difuminado, batido y convertido en un solo todo que se rasgó, lentamente, como si fuese una cremallera que se va abriendo.
Una mano apareció y al ver que me hacía señas me acerqué, la mano me tomó por el cuello y me metió de lleno en la descostura de la realidad, que se quedó sin más remedio atrás.
Entonces un hombre procedió a explicarse.
- Perdona la rudeza, pero es que hay cosas que se deben hacer así. Nadie se atreve a dar el paso entre esto y aquello, por eso he decidido hacerlo sin preguntar ni andar con miramientos.
Yo medio aturdido comencé a mirar a mi alrededor, el lugar me recordaba a una fábrica de tornillos que había visitado cuando era niño. Interesantísima. Aquí hacemos el tornillo y aquí le hacemos la rosca.
Más interesante había sido la visita a la fábrica de coca-cola (¿cuanta gente se habrá bebido nuestros escupitajos?). Este lugar también me la recordaba, sobre todo por la bata blanca que llevaba el hombre que me había metido en ese lugar.
- Verás, te voy a dar un paseo por aquí y después iremos a mi despacho para charlar un rato.
Las puertas se abrieron, y tras dudar un poco, no pude hacer otra cosa que seguirle, ya que al mirar hacia atrás la raja tras la que estaba mi salón ya no existía, era como si hubiese cicatrizado.
-Pues vamos.- Dije en alto.
El me hizo una seña y me coloqué a su lado.
- Bueno, como no sé por donde empezar empezaré por lo más básico, aquí es donde nos inventamos el mundo.
Yo empecé a ponerme un poco nervioso ( ya se sabe que hay gente muy rara por ahí), pero tras recordar que estaba en mi salón durmiendo y que probablemente esto era un sueño, asentí y puse cara de estar muy interesado en lo que me decía.
- En esta sala, por ejemplo es donde se inventan los amaneceres.
Corrió una cortina y tras ella había dos hombres uniformados que estaban discutiendo. Mi acompañante meneó de un lado al otro la cabeza y me dijo con tono de resignación:
- Hoy amanecerá otra vez nublado, les cuesta mucho ponerse de acuerdo.
Yo le di la razón (por si acaso). Caminamos un poco más y llegamos a un pasillo en el que había muchas puertas con carteles distintos, de unas y otras salían y entraban personas portando extrañas cosas, entonces uno de ellos al ver a mi acompañante se acercó y le pidió que le siguiese.
Él se disculpó, me llevó hasta el final del pasillo y me pidió que esperase en una sala en la que había un par de sillones. Cuando me senté, el desapareció por la puerta.
Como en los sueños no corremos peligro, abrí la puerta y miré al pasillo, la puerta que quedaba más cerca de aquella sala era una de color azul con un cartel que ponía “Sala de sonrisas” ¿Quién no entraría en una sala como esa?
Abrí la puerta y había una señora mayor que estaba cosiendo algo a una línea muy larga, no se sabía de donde venía ni se veía donde acababa.
Aquella señora desprendía ternura y con sus arrugadas manos estaba hilvanando una preciosa sonrisa. yo al acercarme tuve la sensación que a alguien le produce contemplar lo más hermoso que ha visto nunca, a la vez que sentía una extraña sensación de familiaridad.
La puerta se abrió tras de mí, entró el hombre que me había acompañado hasta allí y me dijo:
- Verás, esa línea que estás viendo es una vida y lo que está cosiendo en ella es una sonrisa hermosa ¿no? Y te preguntarás el porque de ese sentimiento de familiaridad ¿no?
Yo asentí con la cabeza.
- Esta sonrisa en concreto la verás, y no dentro de mucho tiempo.
Con entusiasmo dije en alto.
- No puede ser… no me digas que es…
La anciana me miró y sonrió con una sonrisa que nos contagió a los otros dos. El hombre afirmó con la cabeza.
- Si, es Simón.
Simón es mi sobrino que en breve va a nacer.
Intenté acercarme a la línea para poder ver un poco mejor, pero el hombre me detuvo.
- No lo hagas, la vida tiene que ser una sorpresa -Me dijo.
Esa frase. Nunca la he olvidado.
Continuará…






Crazy Mary dijo
ohhhhhh!!!!...Simón, no sabes la suerte que te ha tocado al tener un tío como el que vas a tener...O quizá sí lo sabes ya, y por eso tienes esa preciosa sonrisa...( te advierto que es contagiosa, tu tío nos hace sonreír a todos)
muchos besos a los dos.
21 Octubre 2008 | 11:55 AM