Lapices de colores
Hoy es martes por que lo dicen los días de la semana y trece porque lo dice el orden cardinal del mes. Podría ser jueves treinta y dos o juercoles dieciocho, daría exactamente igual. El orden giratorio no altera el producto.
Tras los rituales de mañana, ahorcamiento de corbata incluido, al ir a coger las llaves en la mesita del salón, veo un dibujo que hizo ayer mi sobrina. Cuando me dispongo a colgarlo en la nevera, veo que se ha dejado las pinturas y la goma. Las tomo y las guardo en la mochila para dárselas cuando la vea.
Es gracioso, por que ayer me pasé un buen rato viéndola dibujar mientras los demás corrían, saltaban, gritaban… ella estaba en el parque sin levantar la vista del papel ni un segundo, con una cara de ilusión tremenda.
Al salir a la escalera me encuentro con el vecino del primero, que tiene una cara de culo impresionante y no por que sea feo (que lo es), si no por que cuando abre su boca lo que sale de ella suena como auténticos pedos. Que si el gobierno, que si los emigrantes, que si los delincuentes, que si la juventud, que si las pensiones, que si los perros, que si los vecinos…. Es gracioso, porque todo el mundo tiene la culpa de algo, todos menos el. Nunca está contento con nada. En este momento me está diciendo que el hijo de la vecina se pone a jugar al futbol en la acera y que hace mucho ruido con el balón y que le molesta, que deberíamos protestar…Me escapo sacando el teléfono móvil y diciéndole que me llaman.
Paro a tomar el café en el sitio de siempre y la lluvia resbala por los cristales, todavía me queda media hora para entrar a trabajar. Busco en mi mochila los presupuestos para pegarles un último vistazo y me encuentro las pinturas, las saco y las coloco encima de la mesa.
Llega Eva, mi compañera de trabajo, pide el café y se sienta a mi lado. Al preguntarle “¿Que tal?” se desmorona y empieza a llorar. Su marido no es un buen tipo, la hace sufrir mucho. "¿Ves? Ahora ya me he emborronado los ojos”. Si, se le ha corrido el rímel. Yo, intentando hacerla reír tomo la goma de borrar y se la paso por debajo de los ojos. De repente veo como la goma va absorbiendo cada lágrima. Ella no se ha dado cuenta, se lo ha tomado como una broma y ahora se ríe. Sus lágrimas ya no están.
Voy al servicio y me llevo la goma, allí pruebo a borrar las pintadas que hay en la puerta y descubro que no borra las pintadas, si no que estoy borrando la puerta. Pruebo con un baldosín y al desaparecer veo el cemento. En ese momento recuerdo los ojos de mi sobrina cuando pintaba y saco la caja de pinturas. Tomo la de color blanco y vuelvo a pintar el azulejo, lo toco, está allí.
Por fin es Juercoles treinta y dos, mi día favorito. Todavía tengo las pinturas porque no he podido ver a Arantxa. Ayer por la noche, como no me gustaba la televisión salí a pasear. A medio camino, en el paseo marítimo, se me ocurrió que tal vez le hiciesen falta unos cuantos árboles más, porque el cemento ya está engriseciendo demasiado la ciudad, así que tomé marrón para el tronco y verde para las hojas, excepto el primero que me daba un poco de miedo por ser el primero, los otros creo que me quedaron bastante bien. También borré las manchas de aceite y combustible que, venenosamente, flotaban en la dársena. Pinté pan para las gaviotas y peces y queso para los gatos vagabundos. Fue un gran festín.
Entonces, en ese momento, me di cuenta de las posibilidades y decidí marcharme hasta las afueras, donde está la refinería que a veces ahúma a la ciudad. Dibujé unas escaleras, un tanto irregulares porque me temblaba el pulso de la emoción y una vez allí arriba borré el humo ¿Qué donde va ahora el humo? No lo sé ¿Dónde va una raya de lápiz que borras en una libreta?, supongo que simplemente deja de existir, solo sé que al ver un gorrión llevando ramas para hacer su nido en el borde de la chimenea supe que aquello estaba solucionado.
Al volver a casa, después deaparcar el coche, se acercó a mí el perro del hombre que duerme en el banco, creo que se llama Frodo. A veces, si llevo algo de comer, le doy un poco. Es un perro con muy buenos sentimientos, no lo puede esconder, sus ojos y su cola le delatan. Viene cojeando, creo que le han vuelto a pegar, casi todas las madrugadas de los viernes y sábados le pegan. Llegan por la calle tres chicos, uno de ellos con un palo. Cuando levanta el palo, me meto en medio. “Aparta súper ratón” me espeta. Yo no me muevo y entonces el palo se vuelve a levantar, yo saco la goma, borro el palo, tomo las pinturas y les convierto en tres ratones. “Yo correría, los gatos están hambrientos” les digo. Huyen calle abajo.
Borré las heridas a mi buen amigo y aproveché para pintarle un jamón que casi era más grande que él, mientras que yo me pinté un bocadillo. Mientras cenábamos Juntos, nos dedicamos a jugar a las estrellas, intentando buscar constelaciones, como cuando jugaba de pequeño a unir los puntos. Frodo me tira del pantalón, me levanto y le sigo, creo que ya se lo que quiere. Al llegar, está este hombre durmiendo en el banco y sin más me pongo manos a la obra, borro su botella de vino, dibujo una olla humeante con un buen guiso de carne y un termo con café. El perro se tumba debajo del banco mirándome con sus expresivos ojos de soñador. Le hago un gesto de silencio. Dibujo dos mantas, con una tapo al hombre y con otra tapo a Frodo y su jamón. Desaparezco hacia mi calle.
Es jueves y, tras ver el poder que tienen estas pinturas, he tomado la decisión más razonable de todas las posibles, así que me he duchado yme he olvidado deahorcarmecon corbata. Al bajar las escaleras estaba el vecino del primero que tiene cara de culo, que dice que ayer… lo siento, pero no lo he podido evitar, he sacado la goma de borrar y allí lo he dejado gesticulando y sin boca, si un día aprende a ser feliz pediré que le dibujen una hermosa sonrisa, mientras, así se queda.
Al llegar al parque está mi hermana con Jacobo y Arantxa, les doy un beso a cada uno. Sonrío y me siento seguro al verla pintar de nuevo.







unaovarios dijo
Que de cosas se pueden hacer con nuestras propias manos... Y que arte tienes para dibujar, a mi me has pintado una sonrisa y varias carcajadas. Gracias, gracias, gracias. Me quedo un ratito con Ben. Un montón de besos y una sonrisa
13 Noviembre 2007 | 06:40 PM