Eclipse de Mundo (basado en una historia real)
Es verdad que a veces somos juguetes de algo, del destino, de la suerte, de la casualidad… o tal vez objeto de alguna broma de un mágico bromista que toma pedazos de nuestras vidas, corta, pega une…
Hace años en el centro comercial en el que trabajaba entró una hornada nueva de trabajadores en otro ritual de inicio de lo que yo llamaba la secta del trienio, ya que tras tres años de contratos, se enfrentaban a la exigua posibilidad de quedarse fijos y a la mas probable de ser sacrificados lanzándolos sin casi un “gracias” al arroyo del desempleo.
En aquel grupo existía una sonrisa capaz de encender a todas las demás sonrisas en una especie de contagio. En mi caso fue capaz de traspasar un cristal y una pantalla de ordenador CRT de 17 pulgadas para impactar directamente contra mi ensimismamiento y hacer que me levantase por un noseque para encontrarme directamente con la imagen de ella subiendo por las escaleras. Es gracioso pero no se como se sienten los astros en un eclipse, pero me supongo que será parecido a lo que me pasó aquel día a mi, de repente estaba ella y al fondo el mundo: colores, olores, aires acondicionados, hilos musicales o antimusicales, teléfonos berreando, compañera hablándome… pasó por delante de la cristalera y desapareció por el fondo del pasillo.
Al fondo del pasillo estaban la sala de descanso y los vestuarios de las chicas, con lo que siempre pasaban por delante de mí al ir a trabajar y, la mayoría, al verlas día a día me acababan saludando. En su caso me sonreía y eclipsaba el mundo.
Uno, dos, tres, cuatro… sobre trece segundos tardaba ella en pasar por delante y desaparecer. Ceo que cada vez que pasaba, se llevaba enganchado alguno de mis sentimientos. En breve mi jornada laboral se convirtió en una espera a trece segundos mágicos. En poco tiempo más mi día se convirtió en un ciclo de tiempo con trece segundos de vida, llegando a veces a veintiséis, si la veía entrar y salir.
Durante aquel tiempo pude escribir un tratado de cómo intentar enamorar a alguien en trece segundos en los que solo cabe un gesto, una palabra o una excusa para prolongar ese tiempo.
Como siempre la veía salir a la misma hora yo me las ingenié para hacer las fotocopias siempre en ese momento y, si terminaba antes, esperaba a que pasase ella. En breve había aprendido a calcular lo que tarda en hacerse una fotocopia teniendo en cuenta el atasco de papel en el rollo 1, para que al darme la vuelta su sonrisa subiese por las escaleras.
Al cabo de un tiempo aquella sonrisa tuvo voz, gestos, olor, palabras… cada vez que hablábamos las letras de las palabras que decíamos se enredaban entre ellas en una trenza que alguna gente mucho mas experta que yo en materia de sentimientos lo calificaba como un “Aquí hay tema” a lo que yo contestaba con un “Que dices, no me hace ni caso”, pero tras cenas de trabajo o quedadas para ir a tomar algo la trenza se iba apretando.
El trienio llegó a su fin, ella fue un sacrificio y al poco tiempo yo me marché de esa empresa, abandoné el gran centro comercial sin ser un producto vendido. Los trece segundos se fueron cicatrizando y al cabo del tiempo casi ya curados.
Ayer hubo un momento en el que desde dentro del agua no se veía la orilla, había tanta niebla que la ocultaba y salir se hizo algo complicado. Tras cambiarnos decidimos ir a una playa de al lado a la que no vamos casi nunca. Allí no había ni pizca de niebla, lo cual era muy raro, el mar estaba perfecto en unas condiciones tampoco muy comunes. Antes de volver al agua queríamos comer algo y nos dirigimos a un bar que estaba cerrado, una señora desde una ventana nos mandó a otro a pié de playa y, según entramos el mundo se eclipsó otra vez, ella estaba tras la barra, si cabe con una sonrisa mas maravillosa y todavía más increíble de lo que podía imaginar.
Me dieron sobre quince minutos de prorroga antes de que la llamasen y se tuviese que ir, quince minutos en los que me dijo que era el último día que trabajaba allí y que justo salía de trabajar. No se matemáticamente que posibilidades de ese tipo de coincidencias existe.
Ya en el agua repasé los quince torpes, por mi parte, minutos en los que hablamos sobre los típicos “Y que tal” “ Y que tal tú” cuando en realidad quieres decir “ Te he echado de menos trece segundos al día durante este tiempo” o “Me hace falta tu sonrisa para que se despeje la niebla, el mar sea perfecto, el mundo se quede atrás…” o simplemente mirarla a su sonrisa, sonreírle y prometerle una bonita historia de amor en medida de lo posible.
Como castigo hoy me he obligado a escribir esto.
PD: a quien corta, pega y juega ¿Me das otros trece segundos? Prometo no fastidiarlo esta vez.
Big Fish (Una de mis peliculas favoritas) Ojalá el amor sea así.
Accidentally in love (counting Crows)












sansar dijo
Big fish, me han entrado ganas de verla otra vez. Gran película!!
Y, sub, yo no sé mucho, la verdad, pero esas segundas oportunidades hay que aprovechar al máximo, joer, joer.
20 Octubre 2007 | 10:52 AM