Ana sin sonrisa

Como no tengo mucho tiempo, recurro al pasado y rescatouno de mis primeros cuentos escrito para niños, es decir, para todos vosotros. La ilustración por el gran Kinana. Gracias mano.
Un día Ana se despertó con una sensación extraña:
- ¿Qué es lo que me está pasando?
No pudo esperar y corrió a mirarse en el espejo.
- Mis orejas siguen igual, mi nariz también, mis ojos están en el mismo sitio y mis dientes...si, están todos.
- Pero espera, aquí hay algo raro, es mi boca, pero no son mis labios, no, es... ¡Mi sonrisa! ¡Me falta mi sonrisa!
Ana aquel día desayunó a toda prisa ya que tenia que averiguar donde estaba su sonrisa.
Como era Domingo tenía todo el día para dedicarse a encontrarla, se vistió y buscó por toda su habitación: debajo de la cama, en el armario, encima de la mesa, incluso entre los libros y nada, allí no estaba.
Mamá le preguntó:
- ¿Ana que haces?
- Nada, estoy buscando algo.
La verdad es que no quería preocuparla, si mamá se enteraba de que le faltaba la sonrisa a Ana, se disgustaría mucho. Todas las noches, al acostarse ella le decía:
- Dame una sonrisa
Y cuando Ana sonreía, mamá le daba un beso tan grande como el mundo.
Al cabo de un rato, bajaron al parque donde papá y mamá hablaban con los otros papás, mientras que Ana jugaba con sus amiguitos. Aquel día no quiso jugar:
- No puedo - dijo -. Estoy buscando una cosa
- ¿El que?
- Es que... he perdido mi sonrisa.
Todos los niños rompieron a reír, todos menos Ana.
- Son tontos - pensó-. Como a ellos no les falta, no me hacen caso.
Puede que ayer me la olvidase aquí en el parque, y comenzó a buscar. Cuando miró entre las plantas, allí se encontró al caracol Antonio.
Antonio era un caracol que vivía en el parque, y que sabia todo lo que en él pasaba.
- Hola Antonio ¿has visto mi sonrisa?
Antonio movió las antenas diciendo que no. Él le explicó que los caracoles no sonreían, que cuando están contentos mueven sus antenitas hacia los lados. La verdad es que Si había alguien que le pudiese ayudar ese era Antonio, era un caracol muy, muy listo.
- Ana, si te la has dejado aquí la encontraremos: ¿dónde la viste por última vez? ¿En el tobogán?, ¿En los columpios?
Una gaviota observaba la escena y se decidió a preguntarles:
- ¿Qué estáis haciendo?
- Estamos buscando la sonrisa de Ana que no la encuentra.
- ¿Qué es una sonrisa?- Les preguntó la gaviota.
- Es lo que hacemos los niños cuando estamos contentos.
- Yo cuando estoy contenta muevo las alas muy rápido y grazno muy, muy fuerte. No te preocupes, que si al volar veo tu sonrisa te avisaré. Preguntarle a la tortuga del estanque que ella es muy vieja y ha visto muchas, muchas cosas.
Antonio y Ana se acercaron al estanque donde vivía la tortuga Pepita, a la que Ana le daba siempre miguitas de pan.
- Hola Pepita - le dijeron -.
Pepita salió perezosamente de su caparazón y les preguntó:
- ¿A que viene tanto follón?
- Es que tienes que ayudarnos, es Ana, que ha perdido su sonrisa y tiene que encontrarla.
- Ya sé, ya sé - dijo ella - la he visto muchos días, y es verdad hoy no la tienes. Las tortugas lo que hacemos cuando estamos alegres es estirar el cuello mucho, mucho y las patas, y sacamos todo lo que podemos el cuerpo del caparazón. ¿Se te caería en el fondo del estanque?
Y pepita se hundió apareciendo al cabo de un rato con el pez Eusebio.
- Mira Ana este es Eusebio, el también se come las miguitas de pan que tu echas al estanque y dice que no la ha visto, pero el cuándo está muy feliz nada muy rápido, de un lado al otro, pero muy, muy rápido.
Durante un rato largo buscaron y buscaron, pero no la encontraron por ningún lado. Finalmente Antonio le dijo:
- No te preocupes, ya verás como la encuentras.
Ana le dio las gracias, se despidió de Antonio y corrió porque papá y mamá la estaban llamando.
Aquel día iban a comer a casa de sus abuelos, como todos los domingos. Siempre al entrar en la casa de sus abuelitos a Ana le salía una enorme sonrisa de lo contenta que se ponía.
Pero aquel día no le salió y solo su abuelita se dio cuenta de que algo le pasaba.
- ¿Qué té pasa cariño?
- Abuelita, no encuentro mi sonrisa, la he debido perder.
- OH Ana -le dijo la abuela-. No te preocupes y verás como te aparece de nuevo.
Jazz el perrito de sus abuelos también le hacia reír al jugar con ella y aquel día también se decidió a preguntarle mientras jugaban en el jardín, ya que jazz, que era muy pillo, a veces cogía cosas y las escondía, sobre todo las zapatillas de su abuelo.
- Jazz tu no cogerías mi sonrisa el otro día y la esconderías ¿verdad?
Él la miró muy serio y le dijo:
- No, ¿para que querría yo una sonrisa? Los perritos cuando estamos contentos movemos el rabito hacia los lados y ladramos de alegría, y a la gente que queremos mucho la chupeteamos.
- ¡Ya sé!- dijo Jazz-. Puede que esté debajo de la cama de los abuelitos.
Y el muy so tonto apareció con otra zapatilla del abuelo.
Después de comer sus papás le habían dicho que eligiese ella donde quería ir, y como aquellos días el circo estaba por la ciudad, no lo dudó ni un momento.
- Si, seguro que en el circo la encuentro.
Al llegar, Ana le preguntó a uno de los leones:
- Señor león ¿ha visto usted mi sonrisa?
El león la miró y le dijo:
- Yo no sé nada de sonrisas, sé de rugidos y cuando un león está contento ruge. A los niños les hacen reír mucho los payasos, búscalos y pídeles que te hagan una. Y la despidió con un bonito rugido.
Un elefante hacia un ruido como si fuese una trompeta y ana le preguntó:
- Señor elefante ¿por qué hace usted ese ruido?
- Verás nenita, los elefantes cuando estamos alegres bramamos, que es el ruido que acabo de hacer, como si fuésemos trompetas, anda, dame un cacahuete. El elefante se llevó el cacahuete a la boca y repitió el bramido.
El circo empezó y tuvieron que ir a sentarse rápidamente en sus asientos. Música, luces
Acróbatas, animales, incluso el león con el que había hablado, le guiño un ojo al saltar.
Salieron los payasos y ella se preparó para reírse, pero nada, ni siquiera los payasos la hicieron reír.
Solo la puede haber visto el gato Rigoberto, el que anda por las noches por los tejados, claro quizás la perdí de noche, y por eso ahora no la encuentro.
Esperó a que llagase la noche, se asomó a la ventana cuando salió la luna y le llamó: Rigo, Rigo. Rigo cuando le llamaba aparecía, por que ella siempre le daba un platito de leche y a le encantaba, hasta se relamía los bigotones de gusto.
- Rigo estoy muy triste - le dijo -. No encuentro mi sonrisa, la he perdido y no se que hacer ¿la viste la otra noche?
- Si, el otro día cuando me fui tú me sonreías, pero ahora no.
- ¿Sonreís los gatitos cuando estáis contentos?
- No - le dijo -. Nosotros los gatos ronroneamos
- ¿ y que es eso?
- Pues hacemos ruido como si fuésemos motorcillos: roon, roon y si estamos muy
Contentos nos frotamos muy fuerte con lo que nos hace estar contentos.
Finalmente mamá fue a acostar a Ana en la cama y le dijo:
- Dame una sonrisa.
- Mira mamá estoy muy preocupada, he perdido mi sonrisa, la he estado buscando todo el día y nada no aparece -dijo Ana- Mientras rodaba una lagrima por su mejilla.
- Tontita- sonrió mamá-. ¿No ves que mientras estés preocupada no aparecerá?. La sonrisa, solo viene cuando estás contenta.
Y mamá le dio un beso que dibujó en Ana la sonrisa más bonita que nadie jamás haya visto, y cuentan que aquella noche el caracol movió sus antenas, la tortuga se estiró, la gaviota batió sus alas mientras graznaba ,el pez dio vueltas muy, muy rápido, Jazz el perro le escondió todas las zapatillas al abuelo mientras anduvo ladra que te ladrarás, el león rugió muy fuerte, el elefante tocó su trompeta tan alto como pudo y Rigo, nuestro amigo Rigo, después de ronronear, durmió en el tejado de la casa de Ana para vigilar su sonrisa, y cuentan que hasta en el cielo se encendieron mil o dos mil estrellas.








unaovarios dijo
Y mi sonrisa ha vuelto leyendo tu cuento. Gracias Sub, espero que pronto dispongas de más tiempo para poder regalarnos más cuentos. Besos rellenos de alegría y sonrisas
26 Abril 2007 | 06:47 PM