Embotellados
Hoy ha anochecido así y mi ordenador ya funciona, faltan pequeños ajustes, pero...
El baja todas las tardes, casi al anochecer, a la playa a pasear a su perra con una botella en la mano. Le da tres paseos al día: mañana, mediodía y noche. Solo en el paseo de la noche lleva una botella.
La botella es de cristal, porque es un romántico. Son botellas de agua mineral de cristal color azul. Cuando necesitó elegir una botella para sus propósitos, al verla en el supermercado, se dio cuenta de que era esa. No imaginaba una botella de plástico flotando en el océano., o al sol intentando reflejarse en ella. El cristal y un tapón de corcho por que el metal se oxida.
Compra una botella cada día, se bebe el litro de agua mientras come y, tras el paseo del mediodía, comienza a escribir un mensaje. El contenido de su mensaje depende de su estado de ánimo, pero en gran cantidad son mensajes de amor a una “Ella inexistente”. Los mensajes son como suspiros embotellados. Ya ha dejado de llevar la cuenta.
Lanza el mensaje al agua desde el acantilado y se da la vuelta. El mar es buen mensajero y él sabrá lo que tiene que hacer.
Este día se retrasa por cuestiones ajenas a su voluntad y solo escribe: “te quiero” mientras su columna vertebral se estremece vertebra a vertebra y sus neuronas transmiten impulsos y mas impulsos. La física y química de su cuerpo obedecen solo a un sentimiento que, en un papel en blanco, es enrollado, metido en la botella de cristal y tapado con tapón de corcho. Baja corriendo las escaleras con su perra “Lila” y, cuando sale a la calle, se da cuenta de que no ha cogido su cazadora.
Está lloviendo, pero no quiere volver atrás entonces corre por las calles de la ciudad gris hasta que pisa la arena de la playa. La lluvia le llega hasta el centro y crea un charco que le inunda y, de repente lluvia y lágrimas se mezclan cayendo a la arena que ya está mojada.
Lanza la botella lejos, muy lejos, pero hoy hay mar de fondo y las olas son paredes intraspasables. Se da la vuelta y sigue su camino. La botella sigue el suyo.
En las escaleras está una chica que reconoce como la chica que a veces pasea por la playa a un perro simpático que siempre está dispuesto a jugar con la suya. Ella lleva un paraguas y le dice que se meta debajo.
El se lo agradece y empiezan a caminar. Durante el camino ella le ofrece subir a su casa, que se seque, le deja una cazadora y se la devuelve al día siguiente. Cortésmente lo rechaza, pero ante el riesgo de parecer un tonto, acaba por aceptar. A él todavía le quedan muchas calles hasta llegar a su casa y ella vive al lado de la playa.
Suben las escaleras y entran en su piso. Lo primero que le llama la atención es que huele a caramelo. Ella le pone agua a los dos perros y se va hacia la habitación a coger una toalla. El mientras tanto entra en el salón. Una foto en blanco y negro de ella tamaño poster, en la misma playa en la que estaban hace unos minutos, lleva unas gafas de bucear y su botella de oxigeno. Es muy guapa.
Mira hacia la derecha, hay una estantería con libros entre los que destaca la colección de los secretos del mar de Cousteau, y una buena colección de conchas así como botecitos de arena de diferentes playas etiquetados con nombre y fecha.
Ella se ha cambiado, le da la toalla y se va a hacer un café. Entonces él se ofrece a ayudarle, avanza por el pasillo mientras ella le dice que no, que no hace falta, que ponga la tele si quiere.
A su derecha ahora hay una habitación en total oscuridad, desde la que se ve el mar. Entonces atraído por la vista entra y mira por la ventana, enciende la luz y descubre una estantería llena de botellas de cristal azul con tapón de corcho y un papel enroscado dentro.
Vuelve al salón, mira de nuevo la foto y ve como ella sostiene una botella azul en la mano izquierda, una sonrisa como una ola en su cara y en la mano derecha una nota con la que reconoce como su letra.
Ella llega con el café. No están ni él ni su perra. Entonces enciende la televisión, se desploma sobre el sofá y acaricia la cabeza peluda de Lucas, la diferencia entre las lágrimas que se escurren por su cara y las gotas que se escurren por el cristal, es que unas son saladas y las otras dulces.
Al cabo de diez minutos Lucas ladra, suena el timbre del piso, ella abre la puerta y allí están los dos. Tama entra, el está empapado hasta los huesos por que se ha metido en el mar y lleva una botella color azul en su mano con tapón de corcho.
- Te faltaba esta- Le dice.










sotobosque dijo
;)
20 Abril 2007 | 09:04 AM