De archivadores y fanta de limón
El entra en un bar, se sienta. Detrás de la barra una chica que le mira, le sonríe, rodea la barra se acerca a la mesa donde está él hurgando en el teléfono móvil y le pregunta
- ¿Qué quieres tomar?
El se lo piensa y entonces pide una Fanta de Limón.
- ¿Kas o Fanta? – Pregunta ella.
- No, no Fanta de limón.
Ella abre los ojos como platos, de repente pone cara de pícara y le dice:
- Perdona, pero ¿te has dado cuenta que tienes una mancha en la corbata?
El se levanta de la silla. Ella suelta la bandeja que cae al suelo. Ellos se dan un beso. La gente que entra les mira raro.
Todo esto, se hace un tanto extraño. Creo que para entenderlo un poco mejor deberíamos rebobinar sus vidas un poco.
El se levanta con un despertador gritándole pitidos mal afinados aposta. Es como un aterrizaje forzoso del sueño a la vida, sin cinturones de seguridad ni mascaras de oxigeno. ¡Pataf!
Remata sus sueños ahogándolos en un café, los viste de raya diplomática y los ahorca con corbata. Algunos de sus sueños viajan encerrados en un maletín, cobran forma de informes.
Camino a su trabajo va pensando en dialogo interior la necesidad de cambiar de vida, de tomar un camino alternativo, hacer una locura, tal vez la curva diplomática o la barba de inconformado, pero eso puede suponer un cambio demasiado radical. De todas maneras, se dice mientras una niña le mira, eres demasiado cobarde como para intentarlo.
Entonces se enfada y se dice a si mismo: muy bien esto es un cuento ¿vale?, tú eres un príncipe que vive encerrado en un castillo de informes, custodiado por archivadores. Abajo hay un foso con grapadoras y perforadoras. Mas allá hay una fotocopiadora que dispara rayos de luz cuando intentas escapar. Solo existe una persona capaz de liberarte de ese castillo, la princesa que guarda la frase mágica.
Entonces se mira la corbata por que la niña se la señala y descubre que tiene un manchurrón. Le hace un gesto a la niña de silencio, ella se ríe y el se abrocha el botón de la americana. En ese momento ha descubierto cual es su frase mágica. Entra en un bar en el que ha quedado con un cliente.
Ella se levanta por la mañana y enciende sus ilusiones. Recuerda que es lunes y le da igual, se siente con fuerzas de afrontar lo que sea. Recuerda como ayer discutió con su novio, o mejor dicho con el que era su novio, por que cuando algo se acaba se acaba y eso estaba acabado, prorrogado y finalmente concluido.
Se arregla como todas las mañanas y se pinta las miradas en color suave, los labios de manera casi imperceptible y un tono un poco oscuro para las pestañas. Se mira en el espejo y se siente bien.
Baja calle abajo mientras que va recordando lo desafortunada que ha sido en el amor, los fracasos que, como chinchetas con fotos de sus “Ex”, cuelgan de su corazón y piensa en lo que le gustaría conocer a alguien especial, a alguien que de verdad fuese el que colmase sus deseos, que se molestase en entenderla y que supiese hacerla feliz. En un paso de peatones sonríe recordando una anécdota que le pasó ya hace tiempo.
Era la hora de cerrar y en una mesa había un hombre, un vagabundo al que su jefe le hubiese negado la entrada, pero ella no. Puede que estuviese algo bebido. Le indicó que era la hora de cerrar. El le pidió que por favor le dejase quedarse allí al calorcito mientras que acababa de limpiar. Ella le dejó. Finalmente acabó y al verlo dormido le tapó con un mantel y se puso a ver la tele.
Por la mañana se despertó sentada en una mesa. El hombre ya no estaba, ella por esas cosas que nos da la desconfianza revisó la caja y no faltaba ni un duro, todo estaba en su lugar, solo había una cosa distinta. En la mesa donde se había quedado dormida había una nota escrita en una servilleta.
Todavía la conservaba, la sacó de su bolsillo, la abrió y la volvió a leer:
- ¡Gracias por todo!
PD: El hombre de tu vida te pedirá una Fanta de limón.
Nunca la había entendido. Sin dejar de reí por lo que allí estaba escrito, cruzó el paso de peatones abrió, el bar donde trabajaba y en ese momento entró un chico con traje de rayas diplomáticas.
Esto no tiene que ver con el cuento, pero llevo todo el día cantando esta canción. creo que está creciendo la primavera dentro de mi. Tengo que ir al medico por antiprimaverales





el-hombre-del-tibet dijo
¡¡Te echaba de menos!!
Por cierto tu ¿que bebes
Un abrazo genio
9 Abril 2007 | 11:13 PM