Cuando te sientes triste.-
Este cuento es de los primeros que escribí y al leer un post de la niña regaliz,me lo ha recordado.
Recuerdo a Pedro, ¿cómo no hacerlo?. Imagínate que un día paseando a tu perro se te acerque un señor de unos cincuenta años y te pida un cigarrillo, te mire a la cara, y a la vez que le das fuego te dice:
- Te veo triste –
La primera reacción, que se quedó en mi interior, fue pensar ¿ y a ti que te importa?
- Nada, no me importa nada – Dijo.
No se como supo lo que pensaba, pero cuando me di cuenta estaba caminando con él. Mi perro nos acompañaba a un lado, haciendo paradas estratégicas. Él empezó la conversación. Me contó que estaba de paso, que viajaba en un barco atracado en el puerto de la ciudad en que yo vivía, y que zarpaba al día siguiente. Que su vida era un viaje alrededor del mundo, puertos y mares, olas y ciudades. Pero el se sentía contento de poder hacer lo que siempre había querido.
Comencé a contarle yo mi historia, haciéndole saber de algunas cosas que me causaban la tristeza que, ese día era evidente en mi rostro, que en general son las cosas que nos deben golpear a todos en la felicidad.
El me escuchaba y sonreía sin malicia, mas bien con complicidad. Creo que estaba entendiendo todo lo que yo decía, es más, me dio la impresión de que esas mismas palabras, cuando él era un chaval como yo, se las había dicho alguien.
- Escúchame...
- Fran, me llamo Fran – le dije terminando su frase.
- Vale Fran, sé de lo que hablas, siempre hay situaciones en que por circunstancias pasamos algunos malos ratos, pero en la vida una de las cosas más importantes es ser ordenado –
En ese momento mis pasos se detuvieron, y mi mente se frenó tratando de recapacitar. Estoy aquí paseando con un tipo que no conozco de nada, me cuenta su vida, que no a sido realmente fácil, le cuento mis problemas, porque se da cuenta que me pasa algo y su respuesta es que hay que ser ordenado. Estoy ciertamente desorientado.
- ¿Ordenado? – Le pregunté. - ¿me dices que tengo que ser ordenado?- volví a preguntar levantando el tono de voz ligeramente.
- Escúchame Fran, nuestra vida se va guardando en cajas, en las que vamos almacenando todo lo que vamos pasando. Dentro de ti hay muchas cajas:
Hay la caja del olvido, que aunque creamos que lo que en ella se deposita se destruye no es verdad, ahí se queda. Es la caja que más escondida está, pero de ella a veces recuperamos cosas que creíamos desaparecidas para siempre. Te comienzo hablando de ella, para que entiendas mi teoría.
Las cajas más importantes en nuestro interior son la de la felicidad, y la de la tristeza. En la de la felicidad debemos guardar lo que realmente nos ha reportado momentos inolvidables, de esos que cuando los recuerdas, te arrancan una sonrisa, te dan un escalofrío interior y te devuelven a ese estado de animo. La caja de la tristeza... que puedo decirte de ella salvo que ahora tal vez la tienes abierta.
Imagínate ahora que por una cuestión de desorden, has guardado algo triste en el cajón de la felicidad. ¿Qué pasaría? No podrías ser feliz. , siempre estaría eso impidiéndotelo. La pubertad es el estado en que las cajas están desordenadas.
Una de las cosas más importante es clasificar debidamente los recuerdos, en sus respectivas cajas, y las cajas por orden. Probablemente tu tienes las cosas desordenadas, debido a tu edad. Dicen que con los años se adquiere cordura, no es verdad, solamente el paso del tiempo hace que vallamos adquiriendo un orden. Recapacitar no es recapacitar, si no que es como cuando ordenamos nuestra habitación, colocar las cosas en su lugar.
Dedica un rato por las mañanas o las noches a ordenarte por dentro. Con el tiempo cogeras practica y necesitarás cada vez menos tiempo.
- ¿y como sabré cuando e acabado? – pregunté
- lo sabrás, porque te sentirás bien.
- bueno ahora me tengo que marchar, se ha hecho muy tarde, pero antes déjame que te dé un ultimo consejo. Procura tener siempre a mano la caja de la felicidad, esa en la que guardarás lo que te ha dado tan buenos momentos, y cuando te sientas triste ábrela y deja que todo eso te llene. En unos instantes te sentirás mejor y podrás seguir buscando más felicidad que seguir echando a esa caja.
Si, lo se, parece una tontería. Sus palabras me habían dado un momento de desahogo, pero no creía que su teoría de las cajas fuese a funcionar, pero cuando llegué a casa esa noche, al acostarme empecé a ordenar recuerdos y francamente cuando acabé note que estaba mucho mejor.
A día de hoy procuro tener mis cajas ordenadas, y a menudo recurro a la que me hace ser feliz, en la cual guardé en lugar preferente esta charla con Pedro. Nunca más volví a verlo, no sé por donde estará ahora, pero probablemente esté tendiendo la mano a otro adolescente que no tiene las cosas demasiado claras
¿Cómo no voy a recordar a Pedro?





unaovarios dijo
Me ha encantado, las cajas... Nunca lo ví así, yo siempre los llamé cajones, pero es lo mismo. Empecé pequeñita y casi siempre por las noches, primero archivar y después dar gracias. Se siente paz cuando todo está ordenado y sabes dónde estan los recuerdos cuando quieres encontrarlos. Gracias Sub, Un beso enorme para tu caja feliz.
3 Abril 2007 | 09:09 PM